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La Fuerza Curativa de las Palabras


Nuestras palabras tienen un poder vibratorio con un alcance más extenso de lo que creemos. Ese poder viene de un campo más allá del tiempo y del espacio de un lugar con el cual nos comunicamos a través de nuestro ADN y conciencia cósmica. Nuestras palabras son capaces de crear, sanar y también destruir.

Cuando luego de habernos formado una idea en nuestra mente, y cargada de sentimientos o emociones la expresamos, estamos materializando una energía que penetra el reino de la materia y lo afecta, lo impacta y a veces hasta lo transforma.

La palabra es verbo, es acción una vez que sale de nuestra boca, y tiene fuerza y entidad propia.

Las vibraciones producidas por las palabras, se repiten en ondas energéticas a través del aire y del espacio y así se convierten en órdenes al universo una vez que las expresamos.

Si comprendiésemos el mecanismo de la energía liberada en cada palabra y que esta vierte su efecto no sólo en aquel al que fue dirigida sino también en nosotros mismos y en el universo que nos rodea, comenzaríamos a ser más conscientes de lo que decimos.

Antiguamente se utilizaban mantras, rezos, cantos y plegarias que tenían la intención de producir algún tipo de materialización, o exteriorizar estados internos, con el fin de lograr transformar personas, situaciones y hasta influir en el clima, con una intención predeterminada.

De esa manera toda una serie de afirmaciones pensadas y aceptadas previamente, podían manifestar la realidad. Cuando repetimos palabras u oraciones con una intención y de manera constante, estas se convierten en mantras, en afirmaciones. Estamos creando realidades.

Las palabras se convierten en PALABRAS DE PODER una vez que tomamos conciencia de ellas.

Al expresarnos, los primeros afectados en dicha vibración somos nosotros; debemos ser conscientes y responsables en la energía que liberamos en cada palabra, ya que no solo afecta nuestro entorno. Cada vocal tiene una longitud de onda de sonido determinada que combinadas producen una vibración diferente.Las civilizaciones antiguas como los Sumerios y Egipcios sabían perfectamente del poder de la invocación o de la oración.

Los antiguos alfabetos como arameo, griego, sumerio, sanscrito, son sonidos de poder en sí mismos, y para que tuvieran mayor fuerza, aplicaban una fórmula: pensamiento con visualización + emoción + sonido= manifestación.

Cuando nuestras palabras vienen del reino del alma, están consagradas a Dios, porque es ahí donde Dios reside, y siempre están llenas de amor. Solo las palabras que salen del ego pueden dañar a los otros.

Existe una capacidad demostrada en la que la palabra puede afectar la programación del ADN. Según los genetistas rusos las palabras pueden programar el ADN según su frecuencia, ellos descubrieron que ese 90% del ADN que se conoce como «ADN chatarra», es el que se reprograma o recrea las nuevas estructuras celulares.

El biofísico y biólogo molecular ruso Pjotr Garjajev dice, «los cromosomas vivos funcionan como computadoras solitónicas/holográficas usando la radiación láser del ADN endógeno. Eso significa que uno simplemente puede usar palabras y oraciones del lenguaje humano para influir sobre el ADN o reprogramarlo».

Los estudios del Instituto Heart Math nos abren un nuevo panorama hacia la curación, no solo de los humanos enfermos, sino también para la sanación planetaria. El instituto cree en la existencia de lo que ellos dieron en llamar “híper-comunicación”, una especie de red de Internet bajo la cual todos los organismos vivos estarían conectados y comunicados permitiendo la existencia de la llamada “conciencia colectiva”.

El Hearth Math declara que si todos los seres humanos fuéramos conscientes de la existencia de esta matriz de comunicación entre los seres vivos, y trabajáramos en la unificación de pensamientos con objetivos mancomunados, seríamos capaces de logros impensados, como la reversión repentina de procesos climáticos adversos.

El poder de los rezos, oraciones y peticiones, tal como nos lo han legado los antiguos esenios -potenciado por millares de personas-, nos otorgaría un poder que superaría al de cualquier potencia militar que quisiera imponernos su voluntad por la fuerza.

Este poder ha sido demostrado en especies animales como los delfines, que trabajan unificados en objetivos comunes. Los delfines utilizan patrones geométricos de híper-comunicación, ultrasonido y resonancias que les sirven para interactuar con las grillas energéticas del planeta. Estos animales poseen la capacidad de producir estructuras sónicas geométricas y armónicas bajo el agua. Podríamos afirmar que los delfines ayudan más a mantener el equilibrio planetario de lo que lo hacen los humanos.

Las investigaciones del científico japonés Masaru Emoto sobre los mensajes del agua, demuestran como la palabra afecta la materia de manera muy clara, «La materia, las moléculas, son sensibles a su entorno y pueden ser afectados por mensajes y/o actitudes».

En un experimento que se realizó, «El agua destilada expuesta a música clásica tomó formas delicadas y simétricas, como por ejemplo cuando fue expuesta a la sinfonía Nº40 en Sol menor de Mozart. Cuando se puso la canción de Elvis Presley El Hotel de la Tristeza, el resultado fue que los cristales helados se partieron en dos. Cuando las muestras de agua fueron bombardeadas con música heavy metal o expuestas a palabras negativas, o cuando se enfocaron sobre ellas intencionadamente, pensamientos o emociones negativos, el agua no formó cristales y en su lugar se crearon estructuras caóticas y fragmentadas.»

Si Dios le otorgó este inmenso poder a nuestras palabras significa que quiere que nosotros, una vez alcanzado un nivel de conciencia determinado, ayudemos con respeto a la vida a ser co-creadores de su obra.

Claudia Luna

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